Ni la soberanía ni la paz se defienden arriba de un portaaviones imperialista

El pasado 2 de mayo, apenas un día después del Día Internacional de la Clase Trabajadora, el presidente Yamandú Orsi visitó el portaaviones estadounidense USS Nimitz, una de las mayores expresiones del poderío militar del imperialismo norteamericano.

No se trata de una anécdota, ni de una simple visita protocolar, ni de una curiosidad tecnológica. Un portaaviones estadounidense no es un museo flotante ni una plataforma neutral de intercambio diplomático. Es una herramienta militar de intervención, amenaza y dominación, utilizada históricamente por Estados Unidos para imponer sus intereses económicos, políticos y estratégicos en distintas regiones del mundo.

La presencia de este tipo de despliegues militares en nuestra región debe ser rechazada con claridad. América Latina no necesita portaaviones, bases militares, ejercicios conjuntos ni tutelaje del Comando Sur. Necesita soberanía, integración solidaria entre los pueblos, defensa de sus recursos naturales y ruptura con toda forma de dependencia imperialista.

La visita de Orsi confirma, una vez más, el verdadero carácter del progresismo cuando llega al gobierno. Mientras en los discursos se habla de soberanía, derechos humanos y paz, en los hechos se sostienen relaciones de subordinación con las grandes potencias, se normaliza la presencia militar estadounidense y se envían señales de alineamiento con los intereses del imperialismo.

No hay política exterior independiente si se acepta como natural la invitación del embajador de Estados Unidos a subir a un portaaviones nuclear. No hay defensa de la soberanía si se legitima la presencia de la maquinaria militar norteamericana en aguas cercanas a nuestro país. No hay antiimperialismo posible si se gobierna buscando quedar bien con Washington, con los organismos internacionales de crédito, con las multinacionales y con los grandes capitales.

Desde el Frente de Trabajadores en Lucha denunciamos esta visita como un gesto político grave. Porque ocurre en un contexto internacional marcado por guerras, genocidios, disputas interimperialistas y creciente militarización. Porque Estados Unidos sigue siendo responsable de invasiones, bloqueos, golpes de Estado, saqueo de recursos y apoyo directo a políticas criminales contra los pueblos. Y porque Uruguay no debe ser arrastrado a ninguna estrategia militar, comercial o diplomática al servicio de intereses ajenos a los de su pueblo trabajador.

Este hecho también debe servir para sacar conclusiones políticas. La independencia nacional no será defendida por los mismos gobiernos que administran el Estado al servicio de los poderosos. No la defenderán quienes pagan la deuda externa, garantizan ganancias empresariales, entregan recursos naturales, reprimen o contienen las luchas populares y luego hablan de soberanía en los actos públicos.

La soberanía real solo puede estar en manos de la clase trabajadora organizada, de los sectores populares, de quienes producen la riqueza y sufren las consecuencias de la dependencia, el ajuste y la subordinación. Por eso, la lucha antiimperialista no puede separarse de la lucha contra el capitalismo, contra los gobiernos que lo administran y contra las direcciones políticas y sindicales que llaman a confiar en quienes una y otra vez demuestran estar del lado del orden establecido.

Rechazamos la presencia militar imperialista en la región.

Rechazamos todo alineamiento de Uruguay con la estrategia de Estados Unidos y el Comando Sur.

Rechazamos que se presente como diplomacia lo que en realidad es subordinación política.

Llamamos a las organizaciones obreras, populares, estudiantiles y sociales a pronunciarse con claridad contra este hecho y a levantar una posición independiente, antiimperialista y de clase.

Ni con Trump, ni con el Comando Sur, ni con ningún imperialismo.

Frente de Trabajadores en Lucha.

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