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  • 20 de mayo: contra la impunidad de ayer y de hoy

    20 de mayo: contra la impunidad de ayer y de hoy

    Contra la impunidad de ayer y de hoy

    Este 20 de mayo, el Frente de Trabajadores en Lucha vuelve a levantar una posición clara: no alcanza con recordar, no alcanza con marchar, no alcanza con repetir año tras año lo mismo sin avances reales. A más de 50 años del golpe de Estado y a más de 40 años del retorno institucional, la impunidad sigue siendo una política de Estado.

    Los detenidos desaparecidos no son solamente una herida familiar y humana. Son también la expresión más brutal de una ofensiva del Estado, las clases dominantes y el imperialismo contra el pueblo trabajador, contra las organizaciones populares y contra toda perspectiva de transformación social profunda.

    La dictadura cívico-militar no fue un accidente ni un exceso aislado de militares. Fue la respuesta violenta del régimen frente al ascenso de la organización obrera y popular. Mediante el terror, la cárcel, la tortura, la desaparición y el asesinato, se buscó destruir la organización del pueblo e imponer un modelo de país al servicio de los grandes intereses económicos.

    Por eso, la lucha contra la impunidad no puede separarse de la lucha contra la explotación capitalista. Los mismos intereses que ayer necesitaron la represión abierta para imponer su proyecto, hoy siguen descargando sobre los trabajadores salarios sumergidos, precarización, ajuste, entrega de recursos y represión de la protesta.

    Reivindicamos la lucha histórica de familiares, compañeros y organizaciones que sostuvieron durante décadas la exigencia de verdad y justicia. Pero rechazamos que esta fecha sea transformada en una ceremonia simbólica, despolitizada, donde todos parecen estar de acuerdo mientras nadie toca los pilares reales de la impunidad.

    La impunidad tiene responsables: los mandos militares que ocultaron información, los partidos tradicionales que garantizaron pactos de silencio, y también los gobiernos progresistas que, teniendo respaldo popular y mayorías parlamentarias, no enfrentaron a fondo este problema. Hoy, con el progresismo nuevamente en el gobierno, decimos claramente: no alcanzan los discursos, los gestos ni los actos oficiales.

    Exigimos apertura total de los archivos, fin de los pactos de silencio, juicio y castigo a todos los responsables civiles, militares y empresariales, y el fin de toda política de reconciliación con los criminales y sus cómplices.

    Este 20 de mayo marchamos contra la impunidad de ayer y de hoy. No para acompañar un ritual vacío , sino para afirmar que no hay memoria verdadera sin lucha, no hay justicia sin castigo y no hay democracia real con impunidad.

    ¿Dónde están?

    Juicio y castigo a los responsables.

    Contra la impunidad de ayer y de hoy.

    Por la organización independiente de la clase trabajadora.

    Frente de Trabajadores en Lucha
    20 de mayo de 2026

  • Ni la soberanía ni la paz se defienden arriba de un portaaviones imperialista

    Ni la soberanía ni la paz se defienden arriba de un portaaviones imperialista

    El pasado 2 de mayo, apenas un día después del Día Internacional de la Clase Trabajadora, el presidente Yamandú Orsi visitó el portaaviones estadounidense USS Nimitz, una de las mayores expresiones del poderío militar del imperialismo norteamericano.

    No se trata de una anécdota, ni de una simple visita protocolar, ni de una curiosidad tecnológica. Un portaaviones estadounidense no es un museo flotante ni una plataforma neutral de intercambio diplomático. Es una herramienta militar de intervención, amenaza y dominación, utilizada históricamente por Estados Unidos para imponer sus intereses económicos, políticos y estratégicos en distintas regiones del mundo.

    La presencia de este tipo de despliegues militares en nuestra región debe ser rechazada con claridad. América Latina no necesita portaaviones, bases militares, ejercicios conjuntos ni tutelaje del Comando Sur. Necesita soberanía, integración solidaria entre los pueblos, defensa de sus recursos naturales y ruptura con toda forma de dependencia imperialista.

    La visita de Orsi confirma, una vez más, el verdadero carácter del progresismo cuando llega al gobierno. Mientras en los discursos se habla de soberanía, derechos humanos y paz, en los hechos se sostienen relaciones de subordinación con las grandes potencias, se normaliza la presencia militar estadounidense y se envían señales de alineamiento con los intereses del imperialismo.

    No hay política exterior independiente si se acepta como natural la invitación del embajador de Estados Unidos a subir a un portaaviones nuclear. No hay defensa de la soberanía si se legitima la presencia de la maquinaria militar norteamericana en aguas cercanas a nuestro país. No hay antiimperialismo posible si se gobierna buscando quedar bien con Washington, con los organismos internacionales de crédito, con las multinacionales y con los grandes capitales.

    Desde el Frente de Trabajadores en Lucha denunciamos esta visita como un gesto político grave. Porque ocurre en un contexto internacional marcado por guerras, genocidios, disputas interimperialistas y creciente militarización. Porque Estados Unidos sigue siendo responsable de invasiones, bloqueos, golpes de Estado, saqueo de recursos y apoyo directo a políticas criminales contra los pueblos. Y porque Uruguay no debe ser arrastrado a ninguna estrategia militar, comercial o diplomática al servicio de intereses ajenos a los de su pueblo trabajador.

    Este hecho también debe servir para sacar conclusiones políticas. La independencia nacional no será defendida por los mismos gobiernos que administran el Estado al servicio de los poderosos. No la defenderán quienes pagan la deuda externa, garantizan ganancias empresariales, entregan recursos naturales, reprimen o contienen las luchas populares y luego hablan de soberanía en los actos públicos.

    La soberanía real solo puede estar en manos de la clase trabajadora organizada, de los sectores populares, de quienes producen la riqueza y sufren las consecuencias de la dependencia, el ajuste y la subordinación. Por eso, la lucha antiimperialista no puede separarse de la lucha contra el capitalismo, contra los gobiernos que lo administran y contra las direcciones políticas y sindicales que llaman a confiar en quienes una y otra vez demuestran estar del lado del orden establecido.

    Rechazamos la presencia militar imperialista en la región.

    Rechazamos todo alineamiento de Uruguay con la estrategia de Estados Unidos y el Comando Sur.

    Rechazamos que se presente como diplomacia lo que en realidad es subordinación política.

    Llamamos a las organizaciones obreras, populares, estudiantiles y sociales a pronunciarse con claridad contra este hecho y a levantar una posición independiente, antiimperialista y de clase.

    Ni con Trump, ni con el Comando Sur, ni con ningún imperialismo.

    Frente de Trabajadores en Lucha.

  • DECLARACIÓN DEL FRENTE DE TRABAJADORES EN LUCHA ANTE EL 1° DE MAYO DE 2026

    DECLARACIÓN DEL FRENTE DE TRABAJADORES EN LUCHA ANTE EL 1° DE MAYO DE 2026

    UNIFICAR LAS LUCHAS DEL MOVIMIENTO OBRERO PARA FRENAR EL AVANCE DEL CAPITAL

    Este 1° de Mayo, Día Internacional de la Clase Trabajadora, no reivindicamos una fecha vacía ni un homenaje abstracto al “trabajo”. Reivindicamos la historia de lucha de nuestra clase. Reivindicamos a quienes enfrentaron la explotación, la represión y la muerte para conquistar derechos que nunca fueron regalados por ningún gobierno ni por ningún patrón.

    El 1° de Mayo no es una fecha de conciliación entre explotadores y explotados. No es un día para hablar de armonía social, ni para esconder detrás de discursos protocolares la realidad concreta que vivimos millones de trabajadores. Es una fecha que expresa la lucha de clases. Es un día para recordar que cada conquista obrera fue arrancada con organización, movilización, huelga y enfrentamiento contra el capital.

    Hoy esa lucha está plenamente vigente.

    En Uruguay, la clase trabajadora enfrenta una situación cada vez más compleja. Miles de trabajadores pierden sus puestos de trabajo, son enviados al seguro de paro, sufren rebajas salariales, reducción de jornales, cierre de plantas, persecución sindical y empeoramiento de sus condiciones de vida. Mientras tanto, los grandes empresarios siguen defendiendo sus márgenes de ganancia, relocalizan su producción, reciben exoneraciones, concentran ramas enteras de la economía y descargan cada crisis sobre la espalda de los trabajadores.

    La industria manufacturera expresa con claridad esta ofensiva. En las últimas décadas se han perdido decenas de miles de puestos de trabajo industriales. Ramas enteras que empleaban trabajo calificado, con organización sindical y mejores salarios relativos, vienen siendo desmanteladas. La industria frigorífica, láctea, automotriz, química, farmacéutica, textil, metalúrgica, de la bebida, la pesca, la construcción y las curtiembres muestran distintas formas del mismo proceso: cierres, despidos, seguros de paro, rebajas salariales, tercerización, informalidad y destrucción de puestos de trabajo.

    No estamos ante hechos aislados. Estamos ante una ofensiva general del capital.

    Mientras las exportaciones alcanzan niveles históricos y muchas empresas mantienen o aumentan sus ganancias, los trabajadores somos quienes pagamos los costos. Se produce más con menos trabajadores. Se sustituyen puestos industriales por importaciones. Se trasladan plantas a países donde la explotación es mayor. Se utilizan los seguros de paro como mecanismo para no pagar salarios. Se ataca la organización sindical cuando los trabajadores intentan defenderse.

    A esto se suma una realidad salarial cada vez más dura. Cientos de miles de trabajadores cobran salarios sumergidos, que no alcanzan para cubrir las necesidades básicas. La vida se encarece, los alquileres pesan cada vez más, las familias trabajadoras hacen malabares para llegar a fin de mes, mientras se nos pide paciencia, moderación y responsabilidad.

    Pero la responsabilidad que nos exigen siempre cae sobre los mismos: los trabajadores.

    Ningún gobierno que administre los intereses del capital va a poner como prioridad real las necesidades de nuestra clase. Cambian los discursos, cambian los colores, cambian las formas, pero la orientación de fondo se mantiene: garantizar la rentabilidad empresarial, atraer inversiones a cualquier costo, sostener los privilegios de los grandes grupos económicos y contener la lucha obrera dentro de los límites de la negociación institucional.

    Frente a esta situación, la respuesta del movimiento sindical ha sido insuficiente. Las luchas existen, pero aparecen dispersas. Cada sindicato enfrenta su conflicto por separado, cada rama pelea aislada, cada empresa resiste como puede. Pero la ofensiva patronal es general, y por lo tanto la respuesta de la clase trabajadora también debe ser general.

    No alcanza con declaraciones de solidaridad. No alcanza con paros parciales aislados. No alcanza con actos donde se nombran los conflictos, pero no se construye una fuerza real para enfrentarlos.

    Necesitamos unificar las luchas del movimiento obrero bajo un mismo plan de acción. Hacer propio cada despido, cada cierre de planta, cada rebaja salarial, cada persecución sindical, cada intento de precarizar nuestras condiciones de trabajo. Necesitamos golpear con un mismo puño frente al avance del capital.

    Este 1° de Mayo, desde el Frente de Trabajadores en Lucha planteamos con claridad que la tarea central es recuperar el carácter combativo, clasista y transformador de esta fecha. El Día de los Trabajadores no puede ser reducido a una ceremonia, ni a una postal institucional, ni a un discurso vacío sobre el valor del trabajo. Debe ser una jornada de lucha, de organización y de afirmación política independiente de la clase trabajadora.

    Nuestra clase produce la riqueza de la sociedad, pero no decide sobre ella. Sostiene la producción, los servicios, la salud, la educación, el transporte, la industria, el comercio y la vida cotidiana del país. Sin embargo, no tiene garantizado un salario digno, una vivienda digna, estabilidad laboral ni condiciones de vida que le permitan desarrollarse plenamente.

    Por eso, frente a cada cierre de empresa, planteamos la defensa de todos los puestos de trabajo. Frente a cada rebaja salarial, planteamos la organización y la lucha. Frente a cada persecución sindical, planteamos la solidaridad activa. Frente a cada empresa que recibe beneficios del Estado y luego despide o se va del país, planteamos que se abran sus cuentas, que devuelvan lo recibido y que los trabajadores tengan control sobre la producción.

    La salida no está en confiar en los explotadores ni en esperar soluciones de quienes gobiernan para ellos. La salida está en la organización independiente de la clase trabajadora, en la unidad real de las luchas, en la movilización desde las bases y en la construcción de una alternativa propia de los trabajadores.

    Este 1° de Mayo reivindicamos la historia de nuestra clase, pero no como recuerdo muerto. La reivindicamos como tarea presente. Porque la lucha obrera no pertenece al pasado. Está viva en cada trabajador despedido que se organiza, en cada sindicato que resiste, en cada asamblea que enfrenta a la patronal, en cada conflicto que se planta contra la resignación.

    Ante el avance del capital, nuestra respuesta debe ser clara:

    Unificar las luchas. Construir una alternativa propia de la clase trabajadora.

    Este 1° de Mayo no celebramos la explotación. Reivindicamos la lucha contra ella.

    ¡Viva el 1° de Mayo! ¡Viva la lucha histórica de la clase trabajadora!

    ¡Arriba los que luchan! ¡Ante el avance del capital, nuestra lucha es clase contra clase!

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