DECLARACIÓN DEL FRENTE DE TRABAJADORES EN LUCHA ANTE EL 1° DE MAYO DE 2026

UNIFICAR LAS LUCHAS DEL MOVIMIENTO OBRERO PARA FRENAR EL AVANCE DEL CAPITAL

Este 1° de Mayo, Día Internacional de la Clase Trabajadora, no reivindicamos una fecha vacía ni un homenaje abstracto al “trabajo”. Reivindicamos la historia de lucha de nuestra clase. Reivindicamos a quienes enfrentaron la explotación, la represión y la muerte para conquistar derechos que nunca fueron regalados por ningún gobierno ni por ningún patrón.

El 1° de Mayo no es una fecha de conciliación entre explotadores y explotados. No es un día para hablar de armonía social, ni para esconder detrás de discursos protocolares la realidad concreta que vivimos millones de trabajadores. Es una fecha que expresa la lucha de clases. Es un día para recordar que cada conquista obrera fue arrancada con organización, movilización, huelga y enfrentamiento contra el capital.

Hoy esa lucha está plenamente vigente.

En Uruguay, la clase trabajadora enfrenta una situación cada vez más compleja. Miles de trabajadores pierden sus puestos de trabajo, son enviados al seguro de paro, sufren rebajas salariales, reducción de jornales, cierre de plantas, persecución sindical y empeoramiento de sus condiciones de vida. Mientras tanto, los grandes empresarios siguen defendiendo sus márgenes de ganancia, relocalizan su producción, reciben exoneraciones, concentran ramas enteras de la economía y descargan cada crisis sobre la espalda de los trabajadores.

La industria manufacturera expresa con claridad esta ofensiva. En las últimas décadas se han perdido decenas de miles de puestos de trabajo industriales. Ramas enteras que empleaban trabajo calificado, con organización sindical y mejores salarios relativos, vienen siendo desmanteladas. La industria frigorífica, láctea, automotriz, química, farmacéutica, textil, metalúrgica, de la bebida, la pesca, la construcción y las curtiembres muestran distintas formas del mismo proceso: cierres, despidos, seguros de paro, rebajas salariales, tercerización, informalidad y destrucción de puestos de trabajo.

No estamos ante hechos aislados. Estamos ante una ofensiva general del capital.

Mientras las exportaciones alcanzan niveles históricos y muchas empresas mantienen o aumentan sus ganancias, los trabajadores somos quienes pagamos los costos. Se produce más con menos trabajadores. Se sustituyen puestos industriales por importaciones. Se trasladan plantas a países donde la explotación es mayor. Se utilizan los seguros de paro como mecanismo para no pagar salarios. Se ataca la organización sindical cuando los trabajadores intentan defenderse.

A esto se suma una realidad salarial cada vez más dura. Cientos de miles de trabajadores cobran salarios sumergidos, que no alcanzan para cubrir las necesidades básicas. La vida se encarece, los alquileres pesan cada vez más, las familias trabajadoras hacen malabares para llegar a fin de mes, mientras se nos pide paciencia, moderación y responsabilidad.

Pero la responsabilidad que nos exigen siempre cae sobre los mismos: los trabajadores.

Ningún gobierno que administre los intereses del capital va a poner como prioridad real las necesidades de nuestra clase. Cambian los discursos, cambian los colores, cambian las formas, pero la orientación de fondo se mantiene: garantizar la rentabilidad empresarial, atraer inversiones a cualquier costo, sostener los privilegios de los grandes grupos económicos y contener la lucha obrera dentro de los límites de la negociación institucional.

Frente a esta situación, la respuesta del movimiento sindical ha sido insuficiente. Las luchas existen, pero aparecen dispersas. Cada sindicato enfrenta su conflicto por separado, cada rama pelea aislada, cada empresa resiste como puede. Pero la ofensiva patronal es general, y por lo tanto la respuesta de la clase trabajadora también debe ser general.

No alcanza con declaraciones de solidaridad. No alcanza con paros parciales aislados. No alcanza con actos donde se nombran los conflictos, pero no se construye una fuerza real para enfrentarlos.

Necesitamos unificar las luchas del movimiento obrero bajo un mismo plan de acción. Hacer propio cada despido, cada cierre de planta, cada rebaja salarial, cada persecución sindical, cada intento de precarizar nuestras condiciones de trabajo. Necesitamos golpear con un mismo puño frente al avance del capital.

Este 1° de Mayo, desde el Frente de Trabajadores en Lucha planteamos con claridad que la tarea central es recuperar el carácter combativo, clasista y transformador de esta fecha. El Día de los Trabajadores no puede ser reducido a una ceremonia, ni a una postal institucional, ni a un discurso vacío sobre el valor del trabajo. Debe ser una jornada de lucha, de organización y de afirmación política independiente de la clase trabajadora.

Nuestra clase produce la riqueza de la sociedad, pero no decide sobre ella. Sostiene la producción, los servicios, la salud, la educación, el transporte, la industria, el comercio y la vida cotidiana del país. Sin embargo, no tiene garantizado un salario digno, una vivienda digna, estabilidad laboral ni condiciones de vida que le permitan desarrollarse plenamente.

Por eso, frente a cada cierre de empresa, planteamos la defensa de todos los puestos de trabajo. Frente a cada rebaja salarial, planteamos la organización y la lucha. Frente a cada persecución sindical, planteamos la solidaridad activa. Frente a cada empresa que recibe beneficios del Estado y luego despide o se va del país, planteamos que se abran sus cuentas, que devuelvan lo recibido y que los trabajadores tengan control sobre la producción.

La salida no está en confiar en los explotadores ni en esperar soluciones de quienes gobiernan para ellos. La salida está en la organización independiente de la clase trabajadora, en la unidad real de las luchas, en la movilización desde las bases y en la construcción de una alternativa propia de los trabajadores.

Este 1° de Mayo reivindicamos la historia de nuestra clase, pero no como recuerdo muerto. La reivindicamos como tarea presente. Porque la lucha obrera no pertenece al pasado. Está viva en cada trabajador despedido que se organiza, en cada sindicato que resiste, en cada asamblea que enfrenta a la patronal, en cada conflicto que se planta contra la resignación.

Ante el avance del capital, nuestra respuesta debe ser clara:

Unificar las luchas. Construir una alternativa propia de la clase trabajadora.

Este 1° de Mayo no celebramos la explotación. Reivindicamos la lucha contra ella.

¡Viva el 1° de Mayo! ¡Viva la lucha histórica de la clase trabajadora!

¡Arriba los que luchan! ¡Ante el avance del capital, nuestra lucha es clase contra clase!

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